Cinco cosas que no deberías hacer hoy si tienes familia en Venezuela

Si tienes familia en Venezuela y estás viviendo una tragedia desde la distancia, estas cinco pautas pueden ayudarte a cuidar tu salud emocional.

El móvil no se ha enfriado en toda la mañana. Llevas horas entre mensajes sin respuesta, grupos de WhatsApp desbordados, vídeos que aparecen sin que los hayas pedido, y esa espera tensa de saber si los tuyos están bien. El cuerpo está aquí, en España, pero algo en ti lleva horas en Venezuela, tras los terremotos. Eso tiene un nombre: es el dolor migrante en estado puro, y hoy, después de lo ocurrido, ese dolor se ha vuelto más pesado que de costumbre.

No hace falta entrar en detalles de la tragedia. Quienes la estáis viviendo desde lejos ya los conocéis demasiado bien. Lo que quiero hacer aquí no es informar ni analizar. Es acompañar. Porque sé lo que significa afrontar una tragedia en Venezuela desde el extranjero, con la impotencia de no poder ir, no poder abrazar, no poder hacer nada más que mirar una pantalla y esperar.

Estas cinco cosas no son consejos de bienestar genérico. Son, en la medida de lo posible, primeros auxilios emocionales para quienes hoy tienen el corazón dividido entre dos geografías.

Primera: no consumas noticias durante horas seguidas

Informarte es necesario. Saber si tu familia está bien, entender qué está pasando, seguir la situación: todo eso tiene sentido y nadie debería pedirte que lo ignores. Lo que no tiene el mismo sentido es exponerte durante horas a un flujo continuo de imágenes, testimonios y vídeos sin filtro.

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El sistema nervioso no distingue entre el peligro que ocurre cerca y el peligro que ves en una pantalla. Cuando llevas demasiado tiempo consumiendo contenido de alto impacto emocional, el cuerpo responde como si estuvieras en el lugar de los hechos: tensión muscular, aceleración del ritmo cardiaco, dificultad para concentrarte, sensación de amenaza constante. No es debilidad. Es biología.

Decide cuándo te informas y cuándo paras. Dos o tres momentos concretos al día para revisar las noticias son suficientes para estar al tanto sin que esa información te consuma. Lo que queda entre medias también forma parte de este día, y también merece tu presencia.

Segunda: no compartas información que no hayas verificado

En los momentos de emergencia, los rumores viajan más rápido que los hechos. Eso no es nuevo, pero la velocidad de las redes sociales lo amplifica de una forma que puede causar daño real: familias que se alarman innecesariamente, cifras que se inflan, datos que se contradicen, y un nivel de ruido general que hace más difícil encontrar la información que de verdad importa.

Antes de reenviar algo, aunque venga de alguien de confianza, aunque te parezca importante, hazte una pregunta simple: ¿esto ayuda o aumenta el miedo? La prudencia, en estos momentos, también es una forma de solidaridad. No hace falta compartir todo lo que llega para demostrar que te importa lo que está pasando. A veces, el gesto más útil es no contribuir al caos informativo.



Tercera: no te castigues por no poder hacer más

Este es, probablemente, el más difícil de los cinco. Porque la impotencia del migrante en momentos como este tiene una textura muy particular: quieres estar allí y no puedes. Quieres resolver algo y no tienes cómo. Quieres abrazar a alguien y entre vosotros hay miles de kilómetros que ninguna llamada de vídeo consigue abolir del todo.

Esa sensación, cuando no se gestiona, se convierte en culpa… Y la culpa, a diferencia de la tristeza o del miedo, no tiene ninguna función útil aquí. No te acerca más a tu familia, no cambia lo que ha pasado, no resuelve nada. Solo añade sufrimiento sobre el sufrimiento.

Estar lejos no es una elección que hayas tomado contra Venezuela. Es el resultado de una serie de circunstancias que tú no pediste y que no controlas. Desde donde estás, también contribuyes: mandas dinero, acompañas por teléfono, sostienes vínculos, cuidas de los tuyos a distancia. Eso no es poco. Eso es lo que puedes hacer, y hacerlo con presencia y con amor tiene un valor que no necesitas justificar ante nadie, y mucho menos ante ti mismo.

Cuarta: no olvides cuidar de ti

Comer algo aunque no tengas hambre. Dormir aunque la mente no se apague. Salir a dar una vuelta aunque solo sea diez minutos. Atender a tus hijos, sostener tu rutina, beber agua: todo eso, hoy, es un acto de responsabilidad, no de indiferencia.

Cuando la persona que cuida se derrumba, su capacidad de acompañar a quienes ama también se derrumba. No puedes ser un sostén para tu familia en Venezuela si tú estás emocionalmente en el suelo. Esto no significa que tengas que estar bien. Significa que mereces cuidarte aunque no estés bien, precisamente porque no lo estás.

Cuidar tu salud emocional no significa dejar de sufrir por Venezuela. Significa conservar la fuerza para seguir acompañando a quienes amas mañana también.

Quinta: no atravieses este dolor completamente solo

El dolor compartido no desaparece. Pero pesa diferente cuando alguien más lo sostiene contigo. Llama a un amigo, habla con alguien que entienda desde dentro lo que significa tener la familia allá, busca compañía aunque no tengas ganas de explicar demasiado. A veces no hace falta explicar nada: solo estar con alguien que también sabe lo que es esto.

Si el peso se vuelve demasiado difícil de gestionar solo, si la ansiedad se instala de una manera que sientes que no puedes manejar, el acompañamiento migratorio consciente existe también para estos momentos. No solo para los papeles y los trámites, sino para cuando la distancia, el miedo y la incertidumbre pesan tanto que necesitamos ordenar lo que sentimos con alguien que entiende desde dónde se vive todo esto.

Hazlo sin romperte

No podemos cambiar lo ocurrido. No podemos acortar la distancia de golpe ni hacer que el dolor desaparezca porque queramos que lo haga. Pero sí podemos elegir cómo atravesar este día: con un poco más de cuidado hacia nosotros mismos, con un poco menos de ruido, con más presencia en lo que sí podemos hacer y menos culpa por lo que no podemos.

Afrontar una tragedia en Venezuela desde el extranjero es una de las experiencias emocionalmente más complejas de la vida migrante. Nadie debería tener que aprenderla solo. Si hoy sientes que necesitas un espacio para ordenar todo lo que llevas dentro, eso también es válido. Eso también es necesario.

¿Cómo estás llevando tú este día? Si quieres compartirlo, aquí estoy.

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