Coronavirus: cuando la realidad pesa más que las consignas

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Que lejanos parecen ahora aquellos días en los que la noticia que acaparaba los medios de comunicación era la última coreografía de “el violador eres tú”; y que poca prioridad parece tener una manifestación feminista, cuando la comparamos con casi 11 mil muertes por una enfermedad que ya suma más de 117 mil contagios en España.

Según reseña El Mundo.es, la Organización Mundial de la Salud declaró la emergencia mundial por el coronavirus el 30 de enero y pidió una “vigilancia activa”.

En medicina, la expresión “vigilancia activa” implica una conducta expectante y la puesta en marcha de medidas preventivas. Algo así como llevarte el paraguas al salir de casa porque has visto en el noticiero que hay 40% de probabilidades de lluvia. Si no llueve, el paraguas habrá sido una pequeña incomodidad; pero si no lo llevas y te mojas, habrá sido por tu absoluta irresponsabilidad.

No faltará el soñador, comeflor e idealista, que pretenda rebatir mi símil con el poético comentario de que “la vida no es esperar a que la tormenta pase, sino aprender a bailar bajo la lluvia”. La frase está muy bonita para usarla en el ámbito personal, y probablemente quede preciosa enmarcada en el consultorio de un psicólogo pero, cuando estás a cargo de un país; hay cosas más importantes que las consignas y los discursos.

Y en aras de que ningún despistado lector le otorgue a mis palabras el significado que le interesa y no el que realmente tienen, advierto que he dicho “más importante”… Por si el día que me vea en la circunstancia de dar un discurso, me buscan la hemeroteca para restregarme el párrafo anterior en la cara. Decir que viajar en avión es “más caro” que viajar en barco, no significa que viajar en barco sea gratis, ¿nos vamos entendiendo?

En Italia, según reseña La Vanguardia.com, se contabilizaban 132 contagios (y apenas dos de ellos en Venecia) cuando se decidió cancelar el famoso Carnaval de la ciudad de los canales, que ni siquiera la peste negra de 1300 pudo parar.

La decisión se anunció el 23 de febrero. El evento había comenzado una semana antes y tenía previsto concluir dos días después. Según reseña el diario El País, el gobernador de la Región Véneto, Luca Zaia, hablaba del riesgo que representaba la aglomeración de “50 mil personas en la plaza de San Marcos”.

El 29 de febrero, el Departamento de Seguridad Nacional de España daba cuenta de 10 casos en la Comunidad de Madrid y, según reseña su página web, el riesgo global para la salud pública se consideraba “moderado”.

El 04 de marzo, la comunidad capital sumaba 70 casos. El 07 de marzo se contabilizaban 174, con cuatro fallecidos. El 09 de marzo se alcanzaban los 469 y el número de fallecidos se había duplicado. 14 días después, el reporte oficial señalaba 10.575 casos y 1.263 muertes.

Para ponerlo en contexto, un evento internacional con casi mil años de historia, que implica una logística monumental, requiere meses de organización, moviliza miles de personas e inyecta una importante cantidad de dinero en la economía italiana; se suspendió por temores de propagación, cuando apenas había 132 casos en todo el país transalpino.

Sin embargo, un día antes de la marcha feminista del 8M en Madrid, solo en la comunidad autónoma había 174 casos; pero ni siquiera estas cifras pudieron detener un evento al que, según informó ABC.es, acudieron unas 120 mil personas.

Fue Europapress.es la que el 12 de marzo reseñó las palabras de diferentes autoridades españolas sobre la cuestionada marcha: “El Gobierno se ha adaptado a las recomendaciones de la ciencia”, dijo el presidente Sánchez; dos días después que el ministro Illa explicara que la situación comenzó a empeorar “el domingo al anochecer”.

No soy epidemióloga, ni especialista en el área de la salud pública… pero me gusta creer que tengo sentido común… ¿Qué variable científica habrá motivado a los expertos citados por el gobierno para no recomendar la suspensión del evento; tomando en cuenta que los números en China, y sobre todo en Italia para ese entonces, no hacían más que subir y subir?

¿Quiénes serán esos expertos y basados qué evidencia habrán ofrecido estos consejos a los organizadores de la concentración? … ¿Será que acaso es generalizada la creencia de que existen “anticuerpos españoles” como los de Ortega Smith y yo no me he enterado?

Por cierto que lo de Vistalegre fue otro error “como la copa de un pino”. Las cosas como son. Un mitin de 9.000 personas es también un evidente foco de propagación del virus.

Ahora bien, entre tanto líder (de lado y lado) que enarbola la bandera de luchar por los demás, ¿a nadie, ni siquiera a uno solo de ellos, con la autoridad suficiente para hacer algo; se le ocurrió que había que cancelar aquello?… ¿De verdad era preferible correr el riesgo de mojarse, solo por evitarse la molestia de llevar el paraguas?

No se trata de hacer leña del árbol caído, o de criticarlo todo desde lejos como si yo hubiese podido hacerlo mejor; pero al menos no me he postulado todavía para conducir el país, con la promesa de velar por el bienestar de todos.

Claro que las consignas y los discursos son importantes, pero la vida y la salud de quienes vivimos en España lo son más que cualquier bandera política, sea verde, roja o morada. Solo cuando los problemas reales llegan y la oscuridad todo lo cubre, es que se sabe quien es luz de verdad… y quien no.

María José Flores

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