Siete argumentos contra la Monarquía española que solo repiten quienes no tienen ni idea

Cuando era niña leía muchísimos cuentos en los que generalmente había un Rey que, sentado en su imponente trono, en un enorme salón con preciosas columnas y elegantes lámparas colgantes; lucía una llamativa capa (casi siempre roja con peluche blanco y sus respectivos puntitos negros), llevaba una enorme corona de oro y, a veces, portaba un cetro, símbolo de su poder y dignidad.

A medida que me hice adulta, los monarcas de las historias que leía fueron evolucionando… Así fue como pasé del casamentero suegro de Cenicienta y el avaro Juan sin Tierra de Robin Hood; al despeinado garbo de Aragorn o el implacable fuego de Daenerys; que eran mucho más interesantes pero seguían representando figuras de autoridad incuestionable mientras los demás personajes se postraban ante ellos.

Madrid landmark at night. Landscape of Royal Palace and Sabatini gardensat dusk. Historical building at Madrid, Spain.

Actualmente, la vida real tiene muy poco que ver con los mitos (o clichés) asociados a la monarquía en las novelas fantásticas. Ni hablar de cómo ha evolucionado la historia desde los tiempos de Eduardo V de Inglaterra, Carlos V de Francia o Enrique IV de Castilla hasta nuestros días.

“La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”, reza el Art. 1.3 de la Constitución de España; y en consecuencia se dice que el Rey reina pero no gobierna, algo que en Hispanoamérica, por ejemplo, resulta complicado de entender, por no decir que “cortocircuitea” a más de uno, ya que la mayoría de los países de la región tienen sistemas presidencialistas y las jefaturas de Estado y de Gobierno son ejercidas por la misma persona.

En España el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, según el Art. 56 de la CE; y ejerce las funciones que expresamente le atribuyen las leyes. Sin embargo hay detractores de la Corona que, aún con su derecho a pensar diferente, critican la institución basándose en argumentos muy rebatibles.

Y no me refiero a las supuestas cuentas en Suiza por las que Su Majestad el Rey, Don Felipe VI de Borbón, renunció a la herencia de su padre y le retiró su asignación, ni a la sonada trama Nóos; ya que en ambos casos el protagonista no ha sido el monarca sino algunos de sus familiares… Y personalmente creo que, como la familia no se escoge, no se puede juzgar a nadie por los errores de los demás.

Ahora bien, cada persona es libre de cimentar sus opiniones sobre la apreciación de la realidad que más le convenga, pero los hechos y las leyes son las que son, y no por mucho madrugar amanece más temprano.

Estos son siete argumentos sobre la Monarquía española que solo repiten quienes no tienen ni idea de qué va, bien sea porque no han tenido la precaución de informarse previamente, o simplemente porque les conviene manipular la realidad apelando a la ignorancia que otros puedan tener sobre el tema, para defender su punto de vista de cara a la galería.

1. Al Rey nadie lo votó

No era necesario hacerlo. El Art.57.1 de la CE establece que la Corona de España “es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica”. La Constitución española vigente fue ratificada en referéndum el 6 de diciembre de 1978 y el Proyecto fue aprobado por el 87,78% de votantes.

2. La Corona le cuesta mucho dinero a España

El Art. 65.1 de la CE establece que el Rey “recibe de los Presupuestos del Estado una cantidad global para el sostenimiento de su Familia y Casa, y distribuye libremente la misma” y, en los últimos presupuestos aprobados por las Cortes Generales (2018), el presupuesto anual de la Casa Real española no llega a ocho millones de euros; un monto que podría considerarse bajo si se compara con otras monarquías como la inglesa, donde la manutención soberana supera los 82.2 millones de libras esterlinas.

3. La monarquía no tiene utilidad

De acuerdo con la Constitución, el Rey “asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica”. Recientemente, la figura de Don Felipe ha resultado muy útil en medio de la emergencia sanitaria como consecuencia del coronavirus, ya que ha conseguido, por ejemplo y entre otras gestiones, que el presidente norteamericano Donald Trump apruebe el envío de respiradores a España a pesar de la escasez en Estados Unidos y de una ley de defensa nacional activada el 18 de marzo que lo impedía.

4. El Rey hace lo que le da gana

El Rey, al ser proclamado ante las Cortes Generales, presta juramento para desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes, y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas.

En noviembre del año pasado, Don Felipe y Doña Leticia viajaron a Cuba por imposición de Sánchez. Defensores de la dictadura cubana quisieron hacer ver la situación como un apoyo del monarca al gobierno caribeño, cuando la verdad fue que el gobierno español en funciones elevó al rango máximo de visita de Estado lo que inicialmente sería una breve visita para conmemorar el 500 aniversario de la fundación de La Habana.

Otro ejemplo de por qué es incorrecto afirmar que “el Rey hace lo que le da gana” es que la preparación militar y académica de la princesa Leonor no es competencia exclusiva de los reyes, pues la última palabra la tiene el Gobierno.

5. Es una institución muy antigua

¿Y cuál es el problema con eso? Se considera que la monarquía española tiene su origen en la unión personal y dinástica entre Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón en 1469, hace ya 551 años. La universidad de Salamanca fue fundada en 1.218, ¿la vamos a desacreditar por eso?

El prestigio de muchas instituciones que funcionan en la actualidad reside precisamente en sus remotos orígenes. Obviamente no serán todas, pero como argumento para desacreditar la Corona resulta bastante débil.

6. Prefiero a los políticos porque se interesan por el bienestar de la gente

El chiste se cuenta solo. A la mayoría de los políticos solo les interesa ganar las próximas elecciones.

7. El Rey no me representa

Cada uno puede sentirse representado por quien quiera. La identificación con alguien es un asunto muy personal. A mí no me representan ni Maduro, ni Guaidó, ni Sánchez… y allí están ejerciendo cargos de representación popular, sin que yo pueda hacer nada para impedirlo.

Si usted prefiere que lo represente Pablo Iglesias o Gabriel Rufián, por ejemplo; siempre tiene la opción de promover la activación del procedimiento constitucional para reformar el texto fundamental que, en el caso de la Corona, requiere la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes.

Luego, las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras y, una vez aprobada la reforma por las Cortes Generales, debe ser sometida a referéndum para su ratificación. No lo digo yo, está en la Constitución.

María José Flores

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