El debate de A3 Media y la mentira más común

El debate de A3 Media y la mentira más común



El debate de A3 Media y la mentira más común

Sin Santiago Abascal, y con las redes sociales saturadas de memes sobre la jornada del día anterior, A3 Media finalmente transmitió su “Debate Decisivo” este martes. El formato, bastante más dinámico que el de TVE, fue el marco de algunos momentos y performances muy serios y otros más parecidos al salón de clases del profesor Girafales.

A medida que avanzaba el debate, Twitter trinaba sin parar en busca de un “ganador”. Decidí fiarme de esta red social pues, poco menos de 24 horas antes, presuntos expertos consultados por el diario El País atribuyeron a Iglesias el triunfo en Prado del Rey y, sinceramente, no me parecía momento para chistes tan negros.

La peña twittera, debo decir, lo abordó con humor. La quincalla de Albert les dotó de materia prima. Muchos creen que fue un desacierto del catalán, pero definitivamente permanecerá en el imaginario colectivo de los próximos días como el más irreverente y original de la noche.

No obstante, ni los portarretratos ni la copia de la tesis doctoral tienen el poder de la “capa de Harry Potter” para invisibilizar la duda razonable que anida en muchos simpatizantes de la derecha sobre si, llegado el momento, Rivera pactará con Sánchez de ser necesario; poniendo sus votos al servicio de los socialistas.

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Por su parte, Pedro Sánchez se defendió lo mejor que pudo. Pero su mejor defensa no pudo con tantos goles (de los autogoles mejor ni hablar, porque exhibir la carta de un particular como si fuera de la Junta de Andalucía ya fue mucho con demasiado) y, por momentos, le quedó apenas el infantil recurso de la sorna para contrarrestar el arsenal de conejos, pañuelos y naipes que le arrojaba el líder de Ciudadanos.

Apenas comenzó el debate lanzó la indignada advertencia de que no había pactado con los independentistas, repitiendo vehementemente que “es falso, es falso, falso es falso”; dando la impresión de sentirse vulnerable ante las acusaciones, posiblemente promovidas por el hecho de que los diputados del PDeCAT y de ERC votaron la moción que lo llevó a presidir el Congreso.

Casado mejoró la estrategia con relación al debate anterior y, tal vez asesorado por algún lector de Sun Tzu, sustituyó la defensa por el ataque. Sin embargo, falló al decir que las mujeres solo necesitan “empoderamiento” para evitar ser víctimas de violencia intrafamiliar. No deja de ser verdad en algunos casos. Sin embargo, si famosas como Kim Kardashian o Rihanna pasaron por esa situación; es obvio que la falta de recursos económicos no es la única razón.

Pero a pesar de perder tan ingenuamente una oportunidad de oro para explicar que, de cara a la violencia, todas las víctimas deben ser protegidas sin discriminación; me pareció contundente en otros temas claves, especialmente en los relacionados con la unidad de España.

Aquí, una “nota al pie de página”: Reconozco que me gustó cuando le dijo a Iglesias que “a quien le gusten los toros, que vaya; y a quien no, que no los prohíba”; pero este tema, y mi apreciación sobre esa necesidad patológica de la izquierda de prohibir aquello con lo que no están de acuerdo; lo dejaré para otro post.

Hablando del representante de Podemos, creo que lo de Pablo Iglesias es digno de estudio. Jamás un lobo se había puesto un disfraz de oveja con tanta precisión quirúrgica. Ya durante el debate en TVE era inquietante verlo defender la Constitución española como si fuera el faro que guía sus pasos en su propio universo de superioridad moral, cuando en anteriores oportunidades se ha referido a ella como “el papelito aquel de 1978”.

Curiosamente, olvidó darse golpes de pecho con el artículo 1.3, que establece que “la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”. Como no podía ser de otra manera, el cordero conciliador me recordaba demasiado al Chávez de la camisita azul celeste y los corazoncitos en el logo de campaña electoral… Solo faltaba Hany Kauam para amenizar a los presentes con la canción del “Corazón del Pueblo” durante las pausas comerciales.

Varias personas me han preguntado a quién le convenía más la ausencia de Vox en estos debates. Me decanto por pensar que, para la formación verde, es negativo no formar parte del tema de conversación nacional durante los próximos tres días; pero también es verdad que el porcentaje de electores indecisos, lejos de disminuir, puede que haya aumentado y, en ese caso, el principal beneficiado sería precisamente el partido de Abascal.

Sin tomar en cuenta la interpretación histriónica de Iglesias (referencias católicas incluidas), una impresión general es que los tres candidatos a presidir el gobierno que estaban en el plató, parecían bastante incapaces de respetar normas básicas de buen hablante y oyente. Teniendo en cuenta que la actividad coincidió con el Día del Libro, habría sido un acierto de producción regalarles un Manual de Carreño a cada uno.

Pero definitivamente lo que más me impresionó (y que más o menos se entendió, cuando no hablaban dos o más al mismo tiempo) fue el sinfín de acusaciones mutuas, en lo que parecía ser una espinosa competencia por ver quién acusaba más veces de “mentirosos” a los demás. Era como si el objetivo de cada aspirante no fuese demostrar que es el mejor, sino que los otros son los peores.

Con mucho de «pasado», bastante poco de «hoy» y casi nada de «mañana», buena parte del debate se centró en acusaciones muy específicas de corrupción hacia PP y PSOE; referencias precisas a situaciones bochornosas o errores personales e instruccionales de un lado y del otro; o en una detallada repartición de responsabilidades ante los casos de paro, independentismo, pacientes en listas de espera, recortes, impuestos y cuanta dificultad cotidiana afecte a los ciudadanos españoles.

Sobre las pocas propuestas que se discutieron, ¿seré la única que cree que el momento requería plantear soluciones en clave de objetivos SMART? En el minuto de oro no se habló de “la paz del mundo”, pero casi. Las intervenciones fueron etéreas, plásticas y llenas de eslóganes y gritos de guerra, muy bonitos para estampar en una camiseta; pero no para transmitirle confianza a un país.

Los venezolanos sabemos que la estratagema socialista de un paraíso prometido no es suficiente. Tan importante como el destino es saber cómo se llega y a qué precio. Si usted tiene doble nacionalidad y vota este 28 de abril, no se deslumbre con las promesas, y averigüe primero cómo tienen pensado cumplirlas porque, como decía Nietzsche, “la mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo”.

María José Flores