"Nueve y cuarenta y tres": Un musical que devuelve el alma al cuerpo

«Nueve y cuarenta y tres»: Un musical que devuelve el alma al cuerpo



Hay espectáculos que son una dulce alegría para el alma. Llegan sin avisar, y sin pretensiones. La frescura de su sencillez, siempre oportuna, tiene la virtud de distraer tormentas y amansar demonios.

Las nueve y cuarenta y tres musical madrid  (1)

Quienes tienen la fortuna de apreciar el teatro, saben a qué me refiero. Estos oasis en medio del caos cotidiano no son la típica obra de gran formato cuyo estreno se espera durante meses, entre el ruido ensordecedor de bombos y platillos. La mayoría de las veces se trata de proyectos, más bien modestos, a los que se llega por casualidad, por recomendación de un amigo o por alguna curiosa vuelta del destino.

En estos casos, el talento humano sobre y detrás de las tablas compensa con creces la ausencia de grandes presupuestos para efectos especiales. Así, un riguroso cuidado de los detalles es capaz de transformar una conversación entre dos personajes sobre un sofá, en una escena llena de magia, con una energía que relaja músculos y dibuja sonrisas.

La noche que fui a ver “Las nueve y cuarenta y tres”, el calor del verano madrileño había hecho mella en mi ánimo. Tras una larga y complicada semana (de esas en las que las implicaciones de la vida adulta parecen danzar eufóricas a mi alrededor), descendí las escaleras que conducen al Pequeño Teatro de la Gran Vía para ser testigo de un musical que me rescató la alegría.

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Todavía tarareo por los pasillos las letras de sus canciones, llenas de sátiras, ironías y humor negro. La historia, ambientada en el Moscú de principios del siglo XX; cuenta los sucesos paranormales en casa de la familia Petrova tras la muerte de la matriarca, quien fue enterrada con un valioso joyero cuya música suena todos los días a las nueve y cuarenta y tres, “ni un minuto antes ni un minuto después”.

Los cinco actores que cantan, bailan y se entregan en una interpretación impecable, se sienten cercanos, amigos, sinceros. Desde el principio su sincronía es enternecedora, sus frases estremecedoras y sus ocurrencias, geniales. Durante una hora y media aproximadamente reí, canté, aplaudí, me emocioné. De la butaca me levanté como quien sale de una reunión familiar después de saborear los postres de la abuela y cantar karaoke con los tíos.

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La protagonista de este encanto es la motrileña María Cobos, quien hace gala de su carácter, su carisma, su simpatía y un chorro de voz que eriza la piel. Confieso que de Motril no tenía más que vagas referencias pero, motivada por la curiosidad, busqué más información: Es una ciudad de la provincia de Granada, en la comunidad autónoma de Andalucía.

Creo que nunca tendré suficientes palabras de agradecimiento para Fernando Pizarro quien, a través de Yellow Media, promociona obras que tienen un toque especial, en las que participan artistas impecables y que son auténticas, originales, orgánicas.. Obras que si algo tienen en común es que, sin importar su género, dejan una huella bonita y un sabor de boca especial.

Para pasar un rato divertido en Madrid las opciones abundan, pero para celebrar la especial ocasión en la que el humor, la inteligencia, la retórica y la música se abrazan, nada mejor acercarse a la Gran Vía de la capital española y dejarse llevar por los espíritus hasta “el musical más puntual”.

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