Gente que mola: Damelys Montilla y el respeto a la libertad

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Durante mis años de adolescencia creía, como todos a esa edad, que ser libre era hacer lo que me viniera en gana. También pensaba, con la inmadura arrogancia que me caracterizaba por aquellos días, que mis verdades eran mejores que las de los demás; por lo que tampoco entendía cómo alguien podía pensar distinto. Menuda soberbia.

Fue cuando comencé a estudiar comunicación social que entendí lo que realmente significa la libertad. El ejercicio profesional de entrevistar a personas de diferentes tendencias políticas en un país tan polarizado como Venezuela, me ayudó a comprender que el universo de criterios, experiencias, conocimientos y expectativas de cada ser humano es diferente.

Por si fuera poco, mi deber era transmitir el mensaje sin opinar, lo cual implicaba respetar las ideas ajenas, aunque no las compartiera, para entenderlas en su contexto y no caer en la trampa de lo subjetivo. Eran tiempos en los que tenía la responsabilidad de buscar noticias, un género periodístico que, en el caso de los reporteros novatos, requiere mucha disciplina para respetar límites.

Desarrollar esa capacidad hasta convertirla en una forma de hacer las cosas fue posible gracias a las lecciones de vida que me dio, y me sigue dando, el alma profundamente libre de mi amiga Damelys Montilla. Se cuenta fácil pero las primeras veces que me enfrenté a los dilemas de la objetividad periodística, me resultaba útil imaginar que la reportera era ella y visualizar cómo abordaría la situación.

Fuimos juntas al colegio y no conozco a nadie tan diferente a mí con quien me la lleve mejor. La conocí hace más de 30 años y su naturaleza inquieta, curiosa, despierta, alegre y positiva permanece intacta; pero si alguna característica le resulta distintiva es la capacidad de desplegar sus alas para volar hacia ese lugar de la consciencia en el que el respeto por la libertad de los demás te hace, incluso, más libre.

Damelys es ingeniero civil. Al hablar de su experiencia profesional no duda en incluir los años en los que fue “asistente personal y todera” de su madre, en un pequeño negocio familiar de tapicería. Acumula una década de experiencia como administradora de contratos y, durante los años que trabajó en Puertos de Anzoátegui y Pdvsa, aprendió a esquivar zancadas y puñaladas del mundo corporativo con elegancia y profesionalismo. No podía ser de otra manera. Su respeto por las opiniones de los demás es tan genuino, que no concede argumentos a quien pretenda desafiarla sobre esas arenas.

Hay gente que parece estar hecha para los problemas, pero ella está hecha para las soluciones. Enfrentarse a la vida sin prejuicios le ha permitido estar donde quiere estar, pues cualquier circunstancia externa que represente una cadena no puede atar más que sus manos. Como dijo Franz Grillparzer, “es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo”. Así, se propuso terminar su carrera y la terminó. Se propuso tener un estilo de vida saludable y se volvió corredora, nadadora, ciclista, escaladora… Se propuso viajar por Europa con una mochila al hombro y lo hizo. Se propuso emigrar a los Estados Unidos y allá está. Se propuso ser feliz, y lo es.

El valor que más le gusta poner en práctica es la tolerancia, pues “permite mantener el equilibrio de las relaciones interpersonales y generar aceptación por los demás sin importar su condición, ideología, pensamiento o religión; valorando la individualidad del otro y generando estados de paz y armonía para nosotros mismos y nuestro entorno”.

Es lo que tiene escuchar y entender al otro desde una posición tolerante, que te hace sentir tranquilo. Luego, esa tranquilidad deriva en fortaleza, de la que nace la valentía que se necesita para desprenderse del miedo y comenzar a vivir. Cuando le pregunté qué superhéroe le gustaría ser, respondió sin dudar: “Venezuela Súper Wonder Woman, porque es la princesa amazona más guerrera, hermosa, fuerte, altiva; dotada de habilidades de combate y armas poderosas como el lazo de la verdad, para luchar por el amor, la igualdad y la justicia”.

Escribir sobre “gente que mola” sin hablar de Damelys Montilla es imposible; y no lo digo solamente desde el cariño de amigas. Entre todos los buenos maestros que la vida me ha regalado, fue quien me ayudó a entender qué significa ser libre de verdad, cómo se valora la libertad ajena desde el respeto, y cómo mi propia libertad depende de ser quien realmente soy. Gracias, hermana.

Por: María José Flores
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