Un musical a sangre y fuego: Don Juan y el Tenorio sustituto

Un musical a sangre y fuego: «Don Juan» (y el Tenorio sustituto)



Desde muy joven he tenido sentimientos encontrados en torno a Don Juan, el personaje de Tirso de Molina que inspiró el drama romántico-religioso de fantasía que el español José Zorrilla adaptaría más de 200 años después.

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La verdad es que el arquetipo de «seductor incurable» siempre me ha parecido patético y lamentable. Sin embargo, y más allá de lo que representa el protagonista de la historia; la obra del vallisoletano es una verdadera joya del romanticismo (que desafiaba al racionalismo ilustrado que se consolidaba en Europa a finales del siglo XIX, como consecuencia del capitalismo industrial).

La historia de Don Juan Tenorio, que transcurre en la Sevilla de 1545 durante el ocaso del reinado de Carlos I; está llena de personajes intensos, lugares tenebrosos, amores imposibles, argucias infames y misterios sobrenaturales… En la Madrid de 2016, el legendario burlador sevillano es la estrella de un musical, que pone sobre el escenario su abierta provocación a la ira divina, a ritmo rock, rap, jazz, pop y funk.

Un domingo a las seis de la tarde, la principal arteria vial de la capital española es cualquier cosa menos tranquila. Ni la incipiente y helada lluvia detenía a la multitud que caminaba en los alrededores del Broadway madrileño, cuando nos apresurábamos a llegar a la entrada del teatro. Enrique y yo llegamos justo a tiempo. Los dos únicos puestos vacíos de la fila aguardaban por nosotros. Apagamos los teléfonos y encendimos los sentidos. ¡Había llegado el Carnaval!

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El Teatro de la Luz Philips, en la Gran Vía de Madrid, es el recinto que alberga este musical de gran formato compuesto por Antonio Calvo; al que asistimos gracias a la gentileza de MadTime.net. La experiencia merece ser contada, no solo por la maravillosa puesta en escena; sino por el intenso carrusel de emociones que se desborda entre el público, desde que el telón sube y un babel de enigmáticos disfraces seducen sin compasión a quien los mira.

Musical Don Juan - Madrid

Desde el principio es sencillo identificar a los personajes de la controvertida historia del célebre conquistador, que desde hace tantos años permea en la cultura latina con su arrogante galanteo masculino. Merece la pena destacar el impecable trabajo de artistas como Ricardo Vergara, quien interpreta a Butarelli; Patricia Clark, quien da vida a una Brígida más que divina; y el carismático Gonzalo Larrazábal, quien hace suyo el personaje del Marcos Ciutti, un criado de Don Juan que constantemente me hizo recordar a Ser Bronn del Aguasnegras, interpretado en la serie Juego de Tronos por el británico Jerome Flynn.

La conquense Estíbaliz Martyn y el madrileño David Velardo participaron en el talent show La Voz en el año 2013 y ambos pertenecían al equipo de David Bisbal. En «Don Juan» dan vida a Doña Inés, la dulce novicia que representa la inocencia y virtud cristianas; y a Don Luis Mejía, quien vive la dualidad del amor y el miedo (por sus propias inseguridades) antes de encontrar la muerte a manos de Tenorio.

Musical Don Juan - Madrid-

El barítono colombiano Gonzalo Montes luce fenomenal como Don Gonzalo de Ulloa, comendador de Calatrava y padre de Doña Inés. Destaca su interpretación cuando, después de la muerte del personaje y convertido en la estatua del cementerio donde fue enterrado; aparece en casa de Don Juan y, finalmente, le arrastra a los infiernos.

Si algún actor nació para interpretar a Don Juan es Tony Bernetti. Tradicionalmente, la caracterización de este personaje requiere a un hombre de belleza especial, alejado del aspecto del típico macho vernáculo de pelo en pecho. Un Don Juan fiel a su esencia es más bien sofisticado, seductor y vanidoso; todo un metrosexual del siglo XVI.

Desde que aparece en escena, el artista canario hace gala de una arrolladora y enigmática energía, que arranca suspiros sonrojados y contracciones musculares. En la obra de Zorrilla, Juan Tenorio tiene una personalidad fogosa y violenta, con marcado satanismo. En la producción de Alex García, este objeto de pasiones femeninas también canta, baila y tiene el aspecto de un Adonis rockero ataviado en rojo, lleno de cadenas y cremalleras.

El más famoso polímata florentino habría podido referirse a Bernetti, al decir que «la belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte», pues Tony es mucho más que una cara bonita. Sabe cantar, sabe bailar y sabe actuar. Sin embargo, lo que más me gustó fue su enorme carisma, que me reconcilió con un personaje al que comencé a ver con otros ojos y redescubrí en una dimensión distinta.

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Pero algo ocurrió la noche que fuimos a disfrutar el musical en el maravilloso «teatro de la luz». Durante el receso, fue anunciado por megafonía que el actor Carlos Salgado sustituiría a Bernetti quien, por problemas de salud, no podría terminar la función.

Obviamente, en un momento como ese, lo primero que piensas es que un actor sustituto te hará perder la conexión emocional que has logrado con la historia, sus personajes, sus canciones y la atmósfera en el recinto hasta ese momento.

Pero, la verdad sea dicha y dejando muy en alto el trabajo de Tony, el Tenorio de Carlos se parece más a la aspiración de una mujer de este siglo, de esas que disfruta la historia de Romeo y Julieta y la de Tony Stark con la misma pasión.

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Hay que decirlo, Carlos se entrega. Los reflectores del teatro golpean su rostro sin dejar espacio para trucos de actor barato. Su interpretación es pura, intensa. Al verlo no puedes evitar sentir que tu universo se reordena, que todo adquiere un nuevo sentido. Aquel hombre, a quien no ha dado tiempo de ponerle el traje del protagonista, se viste con lo más importante de un Don Juan condenado a muerte: con su alma atormentada, con su angustiante dolor.

Este Don Juan ha dejado de ser bello por una genética afortunada y comienza a ser hermoso y profundo por su fuego interior, por esa garganta desgarrada que se abría paso entre las llamas de un suplicio infinito.

Quienes tengan el privilegio de ver al Don Juan de Carlos entenderán por qué suspirarían por él las doncellas inocentes (de gorritos puntiagudos, vestiditos de encaje y sonrisitas vacías); y las mujeres reales que controlan sus vidas, dirigen empresas, sostienen familias, amanecen despeinadas y disfrutan una cerveza dominguera en el bar de la esquina con sus amigas.

Carlos Salgado es un artistazo que, ante el reto de sustituir a un Don Juan Perfecto, se entrega en cuerpo y alma transformando al personaje hasta convertirlo en una emoción con rostro, en un antihéroe a sangre y fuego, que encuentra su salvación en el amor.

En una obra que combina lo clásico y lo moderno, que rompe esquemas y se atreve a ir más allá, el «Tenorio sustituto» resulta disruptivo e inquietante; y propone un paradigma menos romántico y más contemporáneo, en sintonía con la famosa frase atribuida a Pilar Avivar: «Arte no es representar lo bello, sino bellamente las cosas».

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