Cinco razones para darte las gracias, Madrid

Cinco razones para darte las gracias, Madrid



Cinco razones para darte las gracias, Madrid, con una hermosa estampa de la Puerta de Alcalá

Hola Madrid. Tomo un vermú en la terraza de un bar frente al parque, mientras reflexiono sobre todas las cosas que han pasado durante los últimos cinco años en mi vida. Hace tiempo que no conversamos, pero hoy quiero dedicarte estas palabras.

Sé que hay muchos esperando que algo salga mal para celebrar cualquier tropiezo que tengas y preguntar con ironía qué fue de aquello que tanto aplaudimos quienes, como yo, sentimos por ti un amor especial. La verdad es que solo puedo hablar desde mi experiencia hasta ahora, pero te aseguro que quien habla con el corazón nunca miente. Estas son mis cinco razones para darte las gracias, Madrid.

Sobre este tema hablaré en vivo este martes 13 de julio junto a Enrique Vásquez. Puedes ver el video “Cosas que agradecemos a España” en el canal de YouTube EnriqueVasquez.

Me hiciste sentir en casa desde el primer día

Aquel 20 de septiembre de 2016 bajé del avión completamente agotada. Fueron 20 horas de adrenalina en el viaje más largo al que me había enfrentado hasta entonces, entre aeropuertos donde le perdí la pista al idioma y el roaming del móvil me dejó abandonada a mi suerte.

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Después de dos días en Panamá y un paso fugaz por los aeropuertos de Newark y Bruselas, ya tenía ganas de ver y escuchar algo que me resultase familiar. Reencontrarme con Enrique me hizo sentir una felicidad enorme, pero su abrazo de bienvenida no fue el único.

La verdad es que tú también me abrazaste, en la sonrisa del camarero que me sirvió aquella caña en el bar en el aeropuerto, el saludo amable del conductor del bus que nos llevó a casa, el alegre “hola” de la vecina que nos encontramos en las escaleras y el cordial “que aproveche” del repartidor que llevó las pizzas esa noche.

Transcurrían los primeros meses de mi vida como inmigrante en tu seno y me diste la oportunidad ir al médico, a cursos de capacitación en emprendimiento, a museos, eventos gastronómicos, ferias, conciertos, funciones de teatro y muchas cosas más, no solo gratis; sino sin sentir jamás el más mínimo gesto de rechazo por mi acento o forma de hablar.

Cuando digo que me hiciste sentir en casa desde el primer día es porque, a diferencia de lo que ocurrió en Panamá, siempre me has tratado con respeto y regalado tus buenas vibras sin prejuicios y sin peajes, haciendo gala de tu alegría y tu mano extendida, como carta de presentación.

Es que eres, Madrid, eso que se conoce antes de conocerlo. Tu corazón de pueblo te hace enorme, incluso por encima de tu evidente condición de moderna urbe cosmopolita. Cierto es que tu grandeza no está en un monumento o en un río, sino en esa hospitalidad que hace latir, en el corazón de quien te recorre, la sensación de haberlo hecho toda la vida.

Me has dado una segunda oportunidad

Cuando decidí marcharme de Panamá, regresé a Venezuela con la idea de que emigrar era un error. Había perdido todos mis ahorros y, aún más importante, sentía que había desperdiciado una parte del regalo más valioso que Dios nos ha concedido: Tiempo.

No fue hasta que te conocí cuando entendí que todo en la vida tiene una razón y nos deja un aprendizaje. En tu cotidianidad he descubierto mil razones para valorar el camino que me trajo hasta aquí y me has ofrecido una nueva perspectiva sobre lo que realmente significa la experiencia de emigrar.

Me has hecho más fuerte y más pragmática. Ahora soy capaz de poner la mirada sobre la realidad, aceptando con serenidad cosas que antes no entendía. Soy más consciente de mis actos y de sus consecuencias porque mi corazón está sembrado en Venezuela pero es aquí donde ha germinado su optimismo.

La paz con la que me rodeas me conecta con el amoroso recuerdo de mis padres, a los que tanto extraño. En el sabor de tus comidas revivo momentos y lugares, y en tus colores he vuelto a disfrutar la luz. Me has abierto las puertas a un nuevo mundo profesional y gracias a ti he podido reinventarme y hacer cosas que jamás pensé que haría.

Definitivamente no soy la misma mujer que llegó hace casi cinco años. Ya no me limita la hostilidad de un entorno que me había destrozado las ganas a punta de golpes. Hoy soy una mejor versión de mí misma, gracias a la libertad que me has dado.

Me has hecho sentir segura

Nada te hace más libre que vivir sin miedo. Durante demasiado tiempo viví con temor a caminar sola por las calles, aceptar ayuda de un desconocido, utilizar el transporte público, tener un problema legal y una larga lista de situaciones relacionadas con la seguridad personal o jurídica que, tanto en Venezuela como en Panamá son conceptos inexistentes.

Contigo no me siento así. Desconozco que ocurrirá en el futuro si el social-comunismo te destruye como destruye todo lo que toca, pero una de las cosas que más te agradezco es la sensación de seguridad que hoy me procuras, pues me permite enfocarme en la meta e ir disfrutando la ruta sin el terror permanente de no sobrevivir al camino.

Me has permitido conocer el mundo

Tu multiculturalidad es tan grande que brindas a propios y foráneos la oportunidad de conocer el mundo. No solo porque estás hiperconectada sino porque, desde cualquiera de tus terrazas, es posible escuchar idiomas y acentos de todos los rincones del planeta. Además, estás plena de gastronomía internacional y eres escenario de tradiciones de otros pueblos.

No exagero cuando digo que gracias a ti he conocido a Venezuela mejor que nunca, a través de su gente. Me has dado la oportunidad de hacer amigos maracuchos, gochos, guaros, llaneros o caraqueños, y con ellos he descubierto costumbres, tradiciones, recetas, anécdotas y muchas más piezas de ese país que no solo “es”, sino que “somos”.

Me sigues enseñando valiosas lecciones

Algo que te hace muy especial es que después de todo este tiempo sigues sorprendiéndome. Incluso en momentos tan tremendamente duros como una pandemia o tan álgidos como unas elecciones, has demostrado ser fuerte, combativa, orgullosa y positiva; cualidades que sin duda dejan un aprendizaje entre quienes te conocemos desde hace relativamente poco.

Gracias por tanto, Madrid. Solo puedo desearte que sigas siendo la misma ciudad bonita y hospitalaria que tantas oportunidades brinda a los inmigrantes que recibe con los brazos abiertos. Gracias por el abrazo, el azul, la tradición, la tecnología, la caña, el chotis, la garra, el duende y la esperanza. Espero que todos los que te queremos sepamos cuidarte siempre como te mereces.

Si quieres conocer el punto de vista de Enrique de esta misma historia, puedes leer Cinco cosas que le agradezco a España publicado en su blog.

María José Flores

2 Comments

  1. Norma Jaape
    13 de julio de 2021

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