Madrid: La noche que conocimos los orígenes del agujero

Aquella noche, los -3 grados centígrados que congelaban manos y mejillas en las calles de Madrid contrastaban con la ardiente experiencia que se vivía sobre el escenario del Teatro Calderón, donde la temperatura no hacía más que subir. Desenfadado, original, auténtico y atrevido, el espectáculo The Hole Zero cuenta y canta los orígenes de ese agujero que desde 2011 seduce a espectadores dentro y fuera de España.

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Como es costumbre en estos tributos a la diversión canalla, una ocurrente Maestra de Ceremonias lleva el hilo conductor de un espectáculo estimulante, que en esta oportunidad recrea la Nochevieja de 1979,  en un club nocturno de la siempre frenética ciudad de Nueva York.

Hace algunos años, cuando disfruté mis primeras vacaciones decembrinas en Madrid, mi esposo y yo fuimos a ver “The Hole” (el primero de la saga) bajo una gran carpa en Casa de Campo. Desde entonces, con frecuencia tarareamos esa pegajosa canción que decía que para salir del agujero, había que entrar en el agujero. Así, cada vez que un reto importante aparecía en nuestro camino, recordábamos que las dificultades solo existen para superarlas y que una buena actitud es clave para dejar atrás cualquier obstáculo.

Ahora nos encontramos de nuevo con esta historia en el teatro Calderón de la capital española. Con capacidad para más de mil espectadores, el recinto que alberga este nuevo show destaca en el centro de Madrid por su excepcional belleza. Tradicionalmente fue sede de espectáculos líricos pero, en esta ocasión, la música de finales de los 70’s hizo vibrar sus paredes y saltar de sus asientos a todos los que abrimos la mente y estuvimos dispuestos a cantar, bailar y dejar la vida en aquella noche que marcaba el inicio de una nueva década.

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Con la dirección de Iñaki Fernández, textos de Félix Sabroso y coreografías de Chevi Muraday; artistas como La Terremoto de Alcorcón, Mariola Fuentes, Marta Ribera, Noelia Pompa, Svet Von Bathory, Axe Peña y Julio Bellido (entre muchos otros), sumergen al público en un lujurioso furor de circo, cabaret, música y humor.

Si bien es cierto que Estudio 54 fue una mítica discoteca de la Calle 54 Oeste en Manhattan, que desde 1977 hasta 1986 fue reconocida como un influyente templo de libertinaje en los Estados Unidos; la referencia que hace The Hole Zero sobre este nido de transgresiones bien puede ser entendida como una metáfora sobre la libertad.

Vivimos tiempos en los que el concepto de “libertad” se asocia rápidamente con la política y la economía, o con la guerra y la paz; pero el verdadero significado de esta palabra poderosa palpita en la mente y el corazón de cada ser humano pues, como decía Jim Morrison, “el tipo más importante de libertad es ser lo que realmente eres“.

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Sin complejos, vergüenzas o culpas, “The Hole Zero” celebra lo homosexual y lo heterosexual al ritmo de la música disco y, tal como ocurría en el local original capitaneado por el recordado Steve Rubell; su escenario se desborda de gente bella y desinhibida.

Mesoneros con torsos desnudos y pantalones ajustados seducían con encantos más que evidentes a hombres y mujeres por igual, entre las mesas distribuidas dentro del teatro; mientras un vino con el nombre de la anfitriona encabezaba la lista de opciones para entregarse a las tentaciones de Baco. La “cortesía de la casa” fue blanca nieve que imitaba el alcaloide recreativo con el que se encendía el motor de una fiesta sin final.

Durante la velada compartimos nuestra mesa con una pareja de “juventud prolongada” que no parecía estar preparada mentalmente para enfrentarse a tanto desenfado. Su clara incomodidad llegaba a límites hilarantes, con expresiones que incluían llamados a los santos de la castidad, ojos tan abiertos que parecían a punto de saltar de sus rostros, manos temblorosas sobre la boca y gestos despavoridos ante la posibilidad de ser llamados a participar de las improvisaciones sobre el escenario.

Pero con excepción de estos curiosos personajes, que muy probablemente se equivocaron de sala o acudieron a la jornada por sugerencia de algún hijo (o nieto) con mucho sentido del humor; todos los presentes disfrutaron la experiencia hasta más no poder. Los cantos, bailes y muestras de entusiasmo por esa ventana abierta a una vida sin complejos, que quedaba abierta a partir de aquella velada mágica; fueron constantes y contagiosos.

Esa noche fui testigo de los aplausos más sinceros que he escuchado en toda mi vida. Una lluvia bendita de palmas, halagos y gritos de alegría cayó sobre aquellos artistas que recrearon la naturaleza humana, sin los artificiales límites morales que dejan sin aliento la verdadera felicidad.

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El espectáculo incluye una conciencia pequeñita pero muy tonificada, hombres bien dotados con muchísima piel expuesta, una bailarina de mirada pervertida que desata un huracán de delirio esnifado y una chica con el nivel de conversación de Cosmo (el de los Padrinos Mágicos), pero con muchas ganas de revivir su apetito sexual y encontrar esa la luz que nunca debió dejar escapar de entre sus piernas.

Acróbatas híper sensuales en ropa de policías, salvajes trapecistas sin trapecios, una diosa egipcia semidesnuda con dotes de equilibrista y un pole dance protagonizado por un ejemplar masculino de campeonato, son apenas algunos de los actos que disfrutamos durante esta propuesta que finalizó con una emocionante “rueda de la muerte”, en la que William Torres y Andrés Daza, retaron a Hades desde las alturas.

A la función fuimos por cortesía de LETSGO, una productora madrileña con gran experiencia en la creación y distribución de exitosos espectáculos relacionados con el mundo del circo moderno. La iluminación, el maquillaje, las coreografías y la silueta de sinuosas nalgas y pechos en proporciones perfectas son la excusa ideal para desconectarse de la realidad por un par de horas y reír a carcajadas con ocurrencias sin pudor; pero entre los aplausos finales siempre es posible divisar algún rostro serio, de esos que ponen en evidencia la reflexión de quien ha encontrado dentro de sí un sentimiento o una emoción que pensaba olvidada.

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Es verdad que, después de ver la obra, no sales corriendo a inscribirte en un casting para convertirte en estrella porno y hacer de tu vida

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